Un arte censurada por la fe

“Hace un tiempo, tuvimos un tour por el país en conjunto con otras compañías de teatro donde presentábamos varias de nuestras obras originales. En estas se trataban temas referentes a la sociedad dominicana. Yo encarnaba al veterano de guerra Capitano, en una obra de nuestra autoría llamada Vitoria. En ella se tocan varios puntos  socio-políticos y se realiza una crítica al gobierno dominicano, muchos disfrutaron su tono jocoso pero otros se ofendían, normalmente los de alta clase. Pero lo más interesante de todo fue el hecho de cómo a todos les sorprendía ver como los papeles masculinos eran actuados por mujeres, principalmente en lugares donde se regían por los lineamientos católicos, pues esto es visto como un tabú”  nos narra Laura Isabel Castillo joven actriz de teatro de la República Dominicana.

Oxford American Dictionary define la palabra tabú como “una tradición social o religiosa que prohíbe o restringe una práctica en particular o una asociación prohibida con una persona, lugar o cosa en particular.” Lo que se considera tabú, entonces, es específico de cada cultura o sociedad, aunque algunos tabúes son universales. Gran cantidad de  tabúes  tienen sus raíces en estructuras de creencias morales y/o religiosas, lo que los convierte en construcciones ideológicas.

El teatro en conjunto con otras artes a lo largo de la historia ha tenido presencia en la lucha contra los estigmas y creencias de cada época llegando a ser visto como un arte “impuro” en especial dentro de la iglesia católica, como lo expresa el Sacerdote Tertuliano en sus textos “El teatro es una escuela de deshonestidad, en la que se aprueba todo lo que se desaprueba por otra parte”  y repite esta postura de la iglesia en otro de sus textos,   “la asistencia cristiana a unos espectáculos que la Iglesia consideraba como inmorales. El problema no era solamente que los actores incitaran a la lujuria o se vistieran de mujer, sino que estos espectáculos se consideraban idolátricos.”.

De la misma forma,  la práctica de las artes escénicas es muy criticada a nivel social. En Latinoamérica los prejuicios que rodean al actor de teatro son abundantes, van desde “El actor de teatro es un vago”, “es una profesión solo para ricos y/o homosexuales”, “El actor está destinado a morir de hambre”, entre otros muchos… “Ningún prejuicio es válido. Somos seres humanos y en cada grupo de personas que trabajan a fin hay diferencias. También hay ingenieros o médicos vagos, homosexuales, con un ego inconmensurable, etc. Sin embargo nosotros como artistas expresamos más esos aspectos de la vida. Quizá lo más acertado de esos prejuicios, aquí en RD, es que es una profesión mal pagada.”  Expresa Astrid Gómez quien se basa en su experiencia dentro del ámbito artístico nacional e internacional. La iglesia tiende a censurar ya que muchas de las obras van en contra de  sus creencias y lo que dice la Biblia, y  con un aproximado de 70% de la población latinoamericana siendo católica estos estereotipos tienen más resonancia en la región.

Pero estos prejuicios no nacieron de la nada, para poder comprender mejor tenemos que ir a los orígenes de este dilema. Los primeros cristianos se encontraron con un teatro griego degenerado, en su mayoría con abundante contenido pornográfico y repleto de sadismo, en el cual además se idolatraban los dioses propios de dicha mitología. Por su lado, los actores, eran conocidos por su liberalismo y promiscuidad lo que iba en contra de las recién establecidas creencias cristianas. Además, los actores hacían burla de los recién convertidos al cristianismo de manera pública; los bufones representaban sus ansias de salvación e incluso en los martirios se reían de ellos. Por consecuente, la asistencia a representaciones teatrales fue prohibida a los cristianos y su participación era castigada con la excomunión.

Jesús Menéndez Peláez explica en el textoTeatro e Iglesia en el siglo xvi: de la reforma católica a la contrarreforma del Concilio de Trento: “La Iglesia combatió al teatro. Pero el teatro había nacido en Grecia como auxiliar del culto mitológico. A través de la representación sensible, las ideas y conceptos doctrinales eran más fácilmente comprendidas por parte de las masas menos instruidas. De ahí también que el cristianismo, la Iglesia, comprendió muy pronto el valor pedagógico del teatro”. Con el paso del tiempo y en conjunto con un gran número de disputas filosóficas la iglesia comprendió y comenzó a emplear el teatro como un medio de adoctrinamiento y proliferación de las doctrinas cristianas, volviéndose este un método efectivo debido al alto nivel de analfabetismo de la época, el cual impedía al pueblo ilustrarse asimismo por medio de la lectura.

Sin embargo, aunque el teatro hoy en día es aceptado y constantemente utilizado por la religión para la representación de pasajes y parábolas bíblicas, no se le confiere una libertad de expresión a su totalidad. Los estigmas y tabúes siguen presentes hoy en día, pero, con la tendencia general de pensamiento moralista liberal cada día disminuyen progresivamente proyectante una disminución futura casi total.

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